En este punto la brújula indica el Norte, pero he aprendido a hacer caso a mis propias intuiciones y no a las indicaciones ajenas. He aprendido que cambiar el día por la noche transforma a las personas en animales rapaces. Que quien bien te quiere te apoya en la sombra, hasta que todo se nubla y se convierte en tu sol. Que el amor llega en una noche y se va en una tarde de otoño inesperada. Que puedes sentir calor solo con que alguien te roce la piel. Que los mejores amigos se pueden convertir en personas desconocidas, y que a su vez, un desconocido puede volverse en alguien imprescindible. Que no hay que esperar a las oportunidades, hay que buscarlas. Que hay que ser valiente y preguntar, porque el "no" ya lo tienes. Que por mucho que llores, tu dolor no va a disminuir. Que hay que valorar lo pequeño porque es lo que nos hace grandes. Después de todo sé que el "nunca más" nunca se cumple, y que el "para siempre" siempre termina. Que sentir dolor es inevitable, pero sufrir es opcional. He aprendido que la vida se mide por los instantes que nos dejan sin respiración y no por el número de instantes que vivimos. Y esto me llevo a pensar que si le sonríes a la vida, ella te lo devuelve y el mundo se convierte en algo un poquito mejor.
Lou.

